Crimea: una herida abierta desde 1954

Por: Katerin De Castro Mulford

“La inclusión de Crimea dentro de las fronteras de Ucrania en 1954 fue un error…”[1]
Vladímir Putin.

La relación entre Crimea y Rusia es compleja y no obedece a mapas o fronteras demarcadas, sino a elementos más delicados como vínculos étnicos, lenguaje, tradición e historias de un pasado glorioso. Distinguida antes de los tiempos soviéticos como "el campo de juegos de los zares rusos"[2], gracias a su mar y a su clima templado, el nexo entre ambos territorios es aún más antiguo gracias a los antecesores compartidos: las tribus eslavas que formaron la Rus de Kiev - donde hace más de 1.000 años nació el estado ruso y la fe Ortodoxa Rusa- y gobernaron la región con particular esplendor entre los siglos X y XI.

Así pues, antes que los rusos, pueblos marineros como griegos y romanos se encontraron en Crimea con vestigios de las civilizaciones cimerias y escitas llegadas de Asia. Siglos después, llegaría el turno de los genoveses y los venecianos, que se sumaron a los túrquicos de la zona para formar la raza conocida como los tártaros de Crimea. Bajo la protección otomana, dominaron Crimea durante siglos, hasta la llegada en 1783 de Catalina la grande, quien la anexó a Rusia.

No obstante, fue durante su primer siglo como península rusa, en 1853, cuando Crimea atrajo la atención del mundo. En ese año comenzó la guerra de Crimea, un ensayo de contienda mundial que enfrentó a Rusia contra Francia, Inglaterra, el reino de Cerdeña, y el Imperio Otomano[3]; las potencias combatían entonces a Rusia para frenar el expansionismo del Zar Nicolás. Y aunque Rusia perdió Sebastopol y la guerra, conservó Crimea como resultado de la celebración del Tratado de París[4]. De esta manera, Rusia ha sido el poder dominante en Crimea durante la mayor parte de los últimos 200 años.

En 1954, Crimea fue entregada a Ucrania como un regalo del líder soviético, Nikita Jrushchov, quien era mitad ucraniano. Este regalo – que la mayor parte de rusos étnicos ven como un error histórico-, se realizó en el marco de la celebración de los 300 años de unión entre Ucrania y Rusia como Repúblicas Socialistas Soviéticas, y se formalizó en una reunión que duró 15 minutos y en la cual no hubo quórum. Participaron 13 de los 27 miembros de la cúpula del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS)[5]; todos los presentes votaron a favor, pues el disenso se castigaba con el destierro, o incluso, la muerte.

Pero, vale la pena preguntar el ¿por qué de la “prodigalidad” del mandatario ruso? La realidad es que la celebración de los 300 años entre la unión de Rusia y Ucrania sólo fue una cubierta que escondía las verdaderas razones por las cuales Jruschov estaba llevando a cabo semejante acto de “magnificencia”; y es que después de la muerte del líder soviético Lósif Stalin (predecesor de Jruschov), a quien condenó por su represión, debía buscar la manera de opacar su participación en los crímenes perpetrados por el mismo, cuando se desempeñó como jefe del Comité Central del Partido Comunista de Ucrania, entre 1938 y 1947[6]. Así pues, la estrategia de Jruschov para ensombrecer su participación como parte del Gobierno de Stalin y ganar el apoyo de los dirigentes de Kiev fue ceder la península.

Sin embargo, lo que no entró en el cálculo de Jruschov –quien no contempló la cesión como un gran cambio, teniendo en cuenta que todo seguía formando parte del territorio soviético- fue lo que nunca entra en los cálculos: los imperios, un día, se terminan, y tras la caída de la hegemonía soviética, Ucrania se independizó sin desprenderse del regalo que tan generosamente le otorgó “La Madre Rusia”.

En 1991, cuando la Unión Soviética colapsó., Rusia y Ucrania se separaron, y Crimea -península bañada por dos mares, cuya posición es fundamental para el comercio internacional porque es la puerta de entrada al Mediterráneo- queda del lado ucraniano. Ese mismo año, tras la realización de un referendo, más del 90% de los habitantes de Crimea votaron por la independencia, pero para evitar la separación, Kiev otorgó a Crimea, en 1992, el estatuto de República Autónoma[7]. De esta manera, la península dispondría de su propia Constitución, su Gobierno y su Parlamento, pero seguiría siendo parte de Ucrania. Aunque se le otorgó gran autonomía al gobierno peninsular, se le prohibió la promulgación de todo tipo de legislación que entrara en conflicto con las leyes nacionales de Ucrania, además de que su Primer Ministro y Presidente serían designados desde Kiev, facultad con la que contaba Crimea de manera directa desde la victoria comunista de 1921 cuando se convirtió en república autónoma para los tártaros dentro de la URSS[8].

De otro lado, ese mismo año (1992), los diputados rusos votan que la donación de Crimea era ilegal, aprobando una resolución que anulaba la transferencia de Crimea a Ucrania hecha en 1954, en la cual se exigía la devolución de los territorios[9]. No obstante, y a pesar de las presiones políticas, el Gobierno Ucraniano insistió en retener la península de Crimea dentro de la estructura administrativa del país. De esta forma, y después de una larga batalla, el entonces presidente ruso, Boris Yeltsin, estuvo de acuerdo en que Crimea podía continuar siendo parte de Ucrania, pero con la condición de que la flota rusa en el Mar Negro permaneciera allí bajo un modelo de alquiler que expira en el 2042.

De este modo, se logra percibir cómo la península de Crimea se ha enfrentado a grandes fluctuaciones a lo largo de más de 10 siglos, que no se han evidenciado sólo en su mapa político administrativo, sino que han ocasionado colosales impactos en su configuración poblacional. Actualmente un 58% de los pobladores de la península son rusos étnicos, un 25% es de origen ucraniano y un 12% son tártaros de Crimea[10]. Respecto a ese último grupo, vale la pena resaltar que en 1944 Stalin los deportó al Asia Central, tras haberlos acusado de colaborar con la Alemania nazi[11]. Cuando se disolvió la Unión Soviética fueron autorizados a retornar, no obstante, se han mostrado reticentes al restablecimiento de relaciones directas con Moscú.

Así pues, no es que el Gobierno Ruso, en cabeza de Vladímir Putin, quiera ocupar y anexionarse un territorio con el que no se encuentra vinculado. Para Putin esto no es simplemente una batalla geopolítica por la influencia sobre un país que forma parte del patio trasero de Rusia; se trata de proteger un territorio que para él es, histórica y culturalmente, una parte esencial de Rusia. La realidad es que la “unidad” ucraniana no tiene más de 23 años, que suponen otros tantos de imposición, si se tiene en cuenta que los habitantes de Crimea, la mayoría ruso parlantes, no se sienten ucranianos, sino rusos.


Para mayor información sobre este tema, consulte también el informe elaborado por Juan David Franco Daza, estudiante del curso de Derecho Internacional Público en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia, disponible en: http://laimportanciadeserjuan.wordpress.com/2014/03/25/informe-rusia-vs-crimea/


[1] “Vladimir Putin reconoce independencia de Crimea”. BBC News, UK. 17 de marzo de 2014. Tomado de http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/03/140317_ultnot_rusia_crimea_independencia_putin_aa.shtml, el 19 de marzo de 2014.
[2] Zárate, Francisco. “La historia de Crimea y el ensayo de una primera contienda mundial”. El Clarín, Argentina. 9 de marzo de 2014. Tomado de http://www.clarin.com/mundo/interminable-violenta-historia-Crimea_0_1098490200.html, el 19 de marzo de 2014.
[3] Ibídem.
[4] Ibídem.
[5]“La historia de Crimea es la de un constante choque de civilizaciones”. Entorno Inteligente, Venezuela, 14 de marzo de 2014. Tomado de http://www.entornointeligente.com/articulo/2208802/La-historia-de-Crimea-es-la-de-un-constante-choque-de-civilizaciones-, el 15 de marzo de 2014.
[6] Ibídem.
[7] Kissinger, Henry. “How the Ukraine crisis ends”. The Whashington Post, U.S.A., 3 de marzo de 2014. Tomado de http://www.washingtonpost.com/opinions/henry-kissinger-to-settle-the-ukraine-crisis-start-at-the end/2014/03/05/46dad868-a496-11e3-8466-d34c451760b9_story.html, el 13 de marzo de 2014.
[8] Ibídem.
[9] Ibídem.
[10] “Crimea, la estratégica “manzana de la discordia” entre Rusia y Ucrania. La Nación, Chile, 4 de marzo de 2014. Tomado de http://www.lanacion.cl/noticias/mundo/ucrania/crimea-la-estrategica-manzana-de-la-discordia-entre-ucrania-y-rusia/2014-03-03/195439.html, el 15 de marzo de 2014.
[11] Óp, cit. El Clarín, 9 de marzo de 2014.

1 comentarios:

Unknown dijo...

Un recuento histórico y analítico muy completo, muy bueno.

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